25/6/08

La plaza y el recuerdo de como aprendi a planchar


Hoy pasaba por la plaza de los dos congresos y al ver las carpas blancas del gobierno y la blanca pero verde del campo, automáticamente me vino a la memoria Norma Pla y su reclamo por los 450$ y Marta Maffei y su gremio acampando por mas de mil dias en busca del financiamiento docente.
Como un flash, pasó por mi cabeza la frase de Bonaffini “la plaza de mayo es de las madres” y no atiné a mas que retratar las carpas, tal vez como si al verlas en el Viewsonic encontrara al fin la respuesta al porqué de la asociación.
El hecho es que baje al subte “A” estación Congreso, confundido, la plaza de quién es? me cuestionaba, y me inclinaba por Ctera, pero Plá no tenia aparato me decía para mis adentros, pero también es cierto que la quijotesca vieja no se manifestaba en esa plaza, sinó mas bien en plaza Lavalle y en el mismo Congreso.
Graciosamente recordé los buenos tiempos, esos en los cuales ni nos imaginábamos con pasear un niño y un perro por esa plaza, en los que el barrio norte de chetos venidos a menos nos alojaba en ese monoambiente de Marcelo T.
Allí, hace tantos años, en mi primer hogar fuera de mi eterno hogar, la realidad nos ponía a prueba, y el hecho es que la asociación terminó en una camisa rosa y sonreí.
La cuestión es que en los 90 la plancha para mi era un pedazo de fundición para hacer los bifes, y tenía que recurrir a quién me diese una mano a la hora de tener las camisas planchadas. Al escasear la mano de obra gratuita para éstas labores detestables para la pareja del monoambiente, decidimos llamar a una señora jubilada que nos había recomendado el portero del lugar.
La señora se presentó un sábado frente a un montón de ropa y ante mi, que estaba sentado en una silla, viendo como empapaba la camisa rosa con ese cono de plástico rojo con agujeros en la cabeza, método eficaz para tardar tres veces mas en el planchado y facturarle a éste tacaño, y sebando mates para ambos.
En un momento me comentó que su hijo, al que amaba tanto, trabajaba en la Policía federal y que los miércoles debía ir a reprimir a los jubilados al Congreso. Con lujo de detalles, escupió las habilidades de su hijote en el tortuoso arte de la represión y se quejaba de los jubilados que protestaban en la calle obligando a su protegido a actuar o de lo contrario perdería tan importante trabajo. Quedé estupefacto!!!
Dudaba, entre contar hasta diez y sacarle mas data.
Uno, dos … señora? Usted vive de su jubilación? le devolví el escupitajo… tres, cuatro … NOOO por eso le plancho a usted, me respondió mirándome a los ojos que a esa altura de la conversación deberían estar desencajándose de sus cuencas, cinco, seis… y su hijo le pega a gente que bien podría ser su madre? Y usted lo justifica?, siete, ocho… Claro m’ijo, hoy en dia no se consigue un trabajo así, en blanco y con obra social y encima al ser sostén de madre viuda me tiene a mí a cargo, porque, vió, PAMI es un desastre; nueve, DIEZ!!! Señora DEJE, le sugerí en un tono de desagrado manifiesto y tenga a bien no venir mas por esta casa. Sin saber porqué se iba, la señora se fue y nunca mas apareció por el departamentito.
Palabras mas, palabras menos, lo cierto es que a partir de ese hecho, comenzó mi tortuoso romance con la Philips de vapor.
Tal vez por eso, hoy y para mí, la plaza era de NORMA PLA!!!



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