Recuerdos que vienen a la memoria, en un invierno templado que invita.
La casa en el oeste del conurbano, y la fisura de un domingo cualquiera.
Suena el timbre, nadie más que Wally. Quién otro a esa hora?
Bajaba de su Ferrari testarosa y las rubias a su lado, llamativas e irreverentes, asomaban sus curvas invitando a una partuzza.
Baja Wally, yo le abro el portón de rejas y lo invito a pasar.
El deja a las rubias en el auto y pasa.
Una cerveza, dos y tres, mientras me contaba su viaje a las dunas del Sahara y yo atónito analizaba su relato y su risa preocupada.
La cabeza se me partía en dos y del desierto pasamos a aquel policía que se convertía en tapial de luz mientras lo perseguía.
Las chicas se impacientaban sobre los tapizados de cuero beige y ya no había más rubias que tomar dentro de la casa.
La desesperación de Wally me alertaba que tal vez el blister que homenajeaba a la ciudad natal de Bono, no había ido a parar al destino correcto. Ahí volvieron las arañas del techo a las sabanas, el incendio de la cama provocado por la ceniza del Camel y el eterno viaje en Ford Falcon hacia una noche inolvidable.
La vieja del Flaco esa mañana tocándome el timbre, y el riéndose delante del TV blanco y negro cagándose de risa con los 3 chiflados, mientras la tele estaba apagada y la vieja y yo expectantes de su próxima ocurrencia. Esta vez, quién le hacia creer que el flaco no había tomado nada?
Por fin la noche, el miedo a cerrar los ojos, los cubiertos extremadamente pesados impidieron la ingesta de la milanesa con puré que humeaba desde el Durax marrón, caliente y con hambre me eché sobre la cama y amanecí sin darme cuenta, otra vez en la oficina.
Lunes es el día triste y gris de soledad!!!
A los amigos que ya no están y a los que siguen de viaje, saludo en éste dia impuesto, obligando a la memoria.
19/7/08
Un mambo de laboratorio
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